jueves, 5 de junio de 2014

Encadenado sin pensar.


     Nunca pensé que una sonrisa pudiera tener tanta fuerza y poder, que llevara tanta carga emotiva como para salvar . . . salvarme y querer volver a vivir.  Porque  cuando todo se ha derrumbado, todo ha desaparecido, todos me han abandonado, es tu sonrisa la que ha hecho desaparecer todas las sombras, incluso las más oscuras. Vuelvo a tu sonrisa sin menoscabo de mi arrepentimiento, de mi insulsa vida, de mi desprecio absoluto a todo y a todos, bajo presión pero vuelvo a tu sonrisa porque volver a ti es mi destino fatal.


       El final siempre me persigue, me acosa, me acobarda y acongoja. Para ti soy un número, alguien que habitualmente pensaba en ti, alguien a quien solías conocer, sólo por necesidad, alguien, sólo alguien que solías y que ahora ni siquiera reconoces . . . alguien como yo, al filo del acantilado imposible, al final de vuelta de todo y de nada, pero final al fin y al cabo. Me fui.


      Las calles se agolpan, me persiguen, es algo que aprendo sin querer, para marchar, algo que solía conocer... una razón para comenzar. Una razón para ti, algo diario para mí, un destino para los dos. Sólo necesito tu razón y mis lágrimas, algo que era usual y necesario: «Encontrar nuestra razón»
  Ahora ya no te siento y las calles me persiguen. Me voy.


     Todo cambia, todo puede hacerlo, Tú rompes mi corazón y no tengo salida, no puedo cambiar, entiendo que lo que puedo mover pero en el fondo eres y estás, enfrente y desapareces, pero en el fondo no entiendo que puede mover esta realidad, sólo es mi nombre y todo sigue igual, sólo cambias Tú, yo ya moví ficha y recuerdo. sólo tu nombre, todo sigue igual. Todo mismo fin ¡Qué simple es ganar y qué terrible perder!



     Este juego es simple y tiene fin, es una relación, una relación, una relación sin fin, no preguntes es sólo algo entre nosotros así de simple, una relación sin fin, déjame vivir. déjame encontrar, déjame saber, déjame ser, sólo, sólo déjanos a los dos.


     Cuando pregunté tu nombre nunca pensé que la amanecida me sorprendería preguntando quién eres, cual es tu nombre. Encontrarme cuando me levanto preguntando tu nombre es el deseo, la pasión, el ansia del encuentro, y no amanece en tu piel, sólo soy yo y tu nombre, no preguntes por el deseo eso eres tú.



       Me encontré cruzando, el lugar me deja indiferente, tenerte se convirtió en algo que no era real, no era real  pero era algo nuestro, algo muy nuestro, algo sólo nuestro, cada vez, algo sólo muy nuestro. Y perdí en tus sueños.


        Me pierdo en ti cuando despiertas. La música evade mis sentidos, esta vez, y la siguiente, el amor me pierde fundiendo mis reticencias en el verde mar de tus ojos, navego a mar abierta.

2 comentarios:

  1. Ya ves el valor y la fuerza de una sonrisa.
    Un abrazo.

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  2. Debe ser tremendo eso de sentir que "volver a ti es mi destino fatal". La fatalidad como destino es como un encierro en el que no hay ni gatera por donde intentar la evasión. ¡Qué bien te explicas, tocayo!
    Un abrazo.

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