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viernes, 3 de diciembre de 2021

La Alternativa

 Os dejo el relato que hice para un concurso, más parece el ensayo de una novela,  pero que me hizo mucha ilusión escribirlo. Que lo disfrutéis.





Titulo de la obra: La Alternativa

Todo lo que conoce del mundo está entre los cuatro muros que delimitan la hacienda donde nació hace ya algunos años, pero no tantos como para que su horizonte se pierda en lontananza. Su nombre es Leo y carece de toda maldad. A fuerza de estar siempre en el mismo lugar sus ambiciones, sueños y metas solo están agazapadas en su mente a falta de que algo, o alguien, les dé un pequeño empujoncito para que se liberen y transformen una existencia plácida, por la ignorancia, en una vida mundana abierta al mundo exterior, ese mundo que no conoce aún pero que tanto tiene que ofrecer.

    Leo es el nieto de los guardeses de la hacienda. Su madre Anabel tuvo la desgracia de salir guapa y lozana, como una rosa sin espinas recién cortada en el rocío de la mañana.

    El amo de la hacienda era, por más que quisiera ocultarlo, mujeriego empedernido y salteador de alcobas a la luz de cualquier astro que pudiera guiar sus pasos, en pos de mozas en estado de merecer. Su madre le había advertido de los peligros del amo y, como buena madre, le sugirió mil y una formas de revocar cualquier situación mas, si estas no fuesen válidas, su meta sería no estar abajo sino arriba por eso de que era menos probable que quedase encinta.

    Anabel sucumbió a los asedios del amo, bien por aquello de no hacer el feo, según decían algunos, o bien porque la chica había salido un poco ligera de cascos y gustos algo refinados que bien le costaron sus cuartos al amo; cosa que no estaba bien vista en la hacienda. Anabel yació de esas mismas mil maneras que tenía que evitar y en ambas posturas por lo que lo que Leo vino al mundo un 28 de diciembre como una broma de mal gusto o simple coincidencia, solo dios sabe el porqué.

Después de dar a luz, Anabel marchó a servir a la ciudad por aquello de cambiar de aires o más bien por calmar los ánimos de la señora que se barruntaba que el niño bastardo era muy parecido a su propio hijo y eso la sacaba de quicio.

    Anabel fue despedida de varias casas de servicio donde tuvo que soportar el hostigamiento de otros tantos amos. La madre de Leo terminó haciendo la carrera sin estudiar y su final no se hizo de esperar.

    Leo quedó a cargo de los abuelos en la hacienda donde era tan feliz como ignorante de la vida que hay más allá de esos muros que, de momento, nunca había sentido como una jaula construida para cortar los vuelos de alguien que estaba destinado a ser lo que él quisiera por muy altos que esos muros fuesen.

Pasaron los años y Leo se hizo muy querido entre los de la hacienda pues era muy servicial y ayudaba a todo el mundo, pero lo que más le gustaba era apoyar el respaldo de la silla contra la pared y recostarse para mirar al cielo jugando con las nubes pero siempre dentro de esas cuatro paredes.

    Una tarde apareció una nube, blanca como el algodón de azúcar y Leo se fue con ella como la juventud se va con los años.

    El abuelo le dio un poco de dinero, su abuela un beso en la frente y así lo dejaron marchar porque las cosas había que tomarlas tal y como venían. La marcha de Leo estaba escrita en el cielo con letras hechas de nube esa misma que sus abuelos sabían que se lo llevaría.

     Leo anduvo por tierras y mares en busca de aventuras que vivir y se cansó de ellas así volvió a montarse en su nube hacia su siguiente destino: tenía que hacerse un hombre de provecho y para eso tenía que estudiar.

     Empezó a trabajar en una imprenta, por las noches se puso a estudiar y en sus ratos libres ayudaba a la gente, fuera lo que fuese que necesitaran. Su jefe le dijo que así no llegaría a ser nada en la vida; pues si ayudaba a la gente con su dinero nunca tendría lo bastante como para salir adelante. Leo reflexionó sobre las palabras de su jefe que le había cogido mucha estima pero lejos de tomar buena nota del consejo siguió haciendo lo que su corazón le dictaba.

    El destino es caprichoso y los designios de dios solo Él alcanza a su comprensión. Leo ayudó a un hombre que estaba llorando en la puerta del banco pues lo habían sacado a rastras porque iba a perder su hacienda. Leo lo consoló, le trajo un vaso de agua y el hombre entre suspiro y queja le contó su historia.

     El hombre le contó que al día siguiente iban a ejecutar, si nadie lo impedía, el embargo de sus Haciendas por impago de un préstamo que había tenido que pedir tiempo atrás. La culpa era suya pues era un mal hombre, mujeriego, bebedor, jugador y tenía todos los vicios imputables de cintura para abajo. Su mujer le había abandonado llevándose a su hijo para hundir más aún, si cabe, su poca autoestima.

    Leo miró a los ojos al pobre hombre y se vio reflejado de alguna manera en ellos. Al principio se incomodó sin saber el porqué pero cuando el pobre diablo le dijo el nombre de la hacienda cayó en la cuenta. Un miedo que nunca antes había sentido inundó su corazón. El terror le sobrevino casi sin querer pensando en el destino de sus abuelos y de toda la gente que vivía en la hacienda y que habían sido tan buenos con él. Su cabeza volvió de nuevo al lugar de su infancia donde había sido tan feliz y supo que tenía que hacer algo.

     Entró en el banco con su padre(aunque él no lo sabía) del brazo y pidió ver al director. Estaba en tercero de derecho y tenía los conocimientos suficientes para meterle el miedo en el cuerpo al pobre director qué, cogido por sorpresa, no tuvo más remedio que alargar el plazo de ejecución del embargo tres meses.

     Leo llevó a su padre a un notario donde le reconoció como socio y apoderado de sus haberes , le dio poderes para administrar todos sus bienes y a cambio Leo lo dejaría vivir en la hacienda hasta el fin de sus días como si fuese el dueño, prometiendo a Leo que nunca volvería a las andadas.

    En el primer corte de la temporada del melocotón, Leo recogió el suficiente dinero como para pagar la deuda que tenía hasta el momento con el banco, que no el total del crédito que debía y, además, dejó la cuenta con la suficiente holgura como para seguir sin problemas.

    Leo descubrió entonces que el amo era su padre, alertado por los abuelos, y que  tenía más de una hacienda, además de varios negocios que bien llevados terminaron por hacerle rico.

    Leo terminó sus estudios y entonces fue a las haciendas en busca de hijos bastardos pues imaginaba que el no había sido el único. Encontró no menos de uno por hacienda y les dejó la administración de la misma a ellos. Contrató un bufete de abogados y entonces buscó a su hermanastro, el hijo legítimo del amo, al que entregó la administración de los negocios fuera de la hacienda. Leo se quedó con la administración de todo el holding empresarial.

     Leo había ayudado a los demás y se sentía bien, su padre había cumplido y ahora era un hombre respetado por todos ya que nadie sabía la verdad de lo que había ocurrido.

     La nube blanca como el algodón de azúcar devolvió entonces a Leo a la hacienda donde había pasado su infancia y donde sus abuelos lo recibieron con todo el cariño del mundo.

     Leo se pasaba el tiempo sentado en la misma silla que apoyada en la pared le llevaba por todo el mundo persiguiendo esas nubes que pasaban por encima de su cabeza y en sus ratos libres ayudaba a la gente.

Que las abuelas son seres mágicos que todo lo saben es algo que nadie pone en duda, al igual que una cata a ciegas de su comida: siempre te gustará. Un día la abuela llevaba una limonada a Leo y le preguntó mirándole a los ojos porqué había vuelto para vivir como antes si ahora era rico, tenía estudios y podía darse cualquier lujo que quisiera. Leo miró a su abuela con una sonrisa y una mueca de extrañeza en su cara pues no tenía ni idea de como se había enterado de todo.

      — Antes no tenía elección pues este era el único mundo que conocía. He conocido otras formas de vivir, los brazos de una mujer y todo cuanto se puede hacer con dinero pero es mi elección y esto es lo que me gusta, esta es mi elección.

Leo sonrió mientras miraba las nubes pasar. La abuela le revolvió el pelo en señal de aprobación a la vez que le daba un beso en la frente como acostumbraba a hacer.

Leo cerró sus ojos mientras las nubes pasaban de largo; quizás, solo quizás, porque temía que una nube blanca como el algodón de azúcar se lo llevara lejos, muy lejos...


Julio de 2021

domingo, 12 de julio de 2020

Ruido de fondo

Monje, Figura, Relajado, Religión


Un alfaquí se dispuso a dar una charla en el patio de la mezquita como cada día. Enseguida se llenó de curiosos para oír sus palabras pues era muy conocido y todos querían participar de su sabiduría. Plácidamente acomodó su manta sobre un murete de piedra que hacía al mismo tiempo de apoyo al contrafuerte de la alta torre del minarete, delimitando el patio, justo al frente de la fuente de siete chorros en la que las mujeres se afanaban por llenar sus cántaros de agua.

    En cuanto comenzó a tomar asiento en su mugrienta manta todos dejaron sus labores y paseos tomando acomodo para escuchar las palabras de tan insigne figura, que asemejaba más una raspa de pescado que un esqueleto humano por lo poco que abultaba.

    El alfaquí comenzó a mirar a su alrededor con suma complacencia pues todos callaban a la espera de sus palabras. Con sumo cuidado comenzó a sentar su escuálido cuerpo y como si fuese lo más fácil del mundo, plegó sus posaderas sobre sus piernas como si de un fleje se tratara, levantando el murmullo de los allí congregados por lo difícil que debía ser completar esa sentadilla sin perder el equilibrio. Vista la reacción de los discípulos, que esperaban con ansias sus palabras, ante la flexibilidad y armonía de su esquelético cuerpo y su sentadilla, volvió a levantarse con tanta gracia y enjuta seguridad que todos le aplaudieron con una sonrisa la ocurrencia de tan insigne alfaquí.
    ¡Hasta siete veces lo hizo para deleite de los presentes! 
    Ya cansado recogió los pocos bártulos que tenía, incluida la manta, para marcharse, en estas estaba cuando escuchó el abucheo de alguien que estaba entre los asistentes pero estaba tan cansado que nada le detuvo y se marchó con un flaqueo de piernas que más parecía un muelle recién soltado de su anclaje que los huesos recubiertos de pellejo que a malas penas le podían transportar.
    Al día siguiente, y ya repuesto del esfuerzo del día anterior, el insigne alfaquí volvió a la plaza de la mezquita siguiendo el ritual de siempre hasta que se vuelve a sentar y todos se asombran por la forma que toman sus piernas al sentarse, que más parecieran unas tijeras cerrándose sobre sí mismas ante la falta de músculo alguno. Pero esta vez nadie sonrió ni tampoco aplaudió la difícil postura, no fuera a ser que el alfaquí les volviera a dar un recital de encontronazos osarios en manta mugrienta.
    Comenzó la disertación enjuiciando los nuevos hábitos culinarios a los que sus paisanos habían sucumbido dejando sus cuerpos orondos y satisfechos, dejando atrás la meditación y abstinencia tan arraigada en su cultura, ya bien por la pobreza y falta de alimentos o por una religión que aprovechaba esa circunstancia para ensalzar el espíritu al más alto nivel de acercamiento al Nirvana y para ello el cuerpo cuanto más liviano de peso más puede ascender de consciencia. 
    Al término de tan sentida charla culinaria todos aplaudieron a tan distinguida figura con furor mientras sus estómagos, llenos, daban la energía necesaria para labor tan gratificante. Seguidamente el 
alfaquí recogió sus bártulos a la vez que los afectos de sus parroquianos, pero he ahí que uno de ellos velado entre la multitud le abuchea; pero como el día anterior hace caso omiso de los abucheos y se marcha, nos sin antes alzar la mirada en busca del molesto parroquiano que por segunda vez discrepó de su actuación de forma tan sonora, dejando en su interior un resquemor liviano pero no por ello pasajero.
    Y así discurrió el tiempo en que a cada actuación del susodicho alfaquí se correspondía un abucheo final a sus palabras por alguien oculto entre los oyentes. Nada parecía hacerle cambiar de opinión, para enfado ya manifiesto de tan insigne disertador que, al término de cada actuación, ya buscaba desde su atalaya a tan fastidioso pupilo en alas de conocer los motivos que le llevaban a mostrar su desacuerdo de tan malas formas, que ya empezaban a sacarle de quicio a pesar de que era una persona pacífica y muy respetuosa con el sentir de los demás.
    Así que al día siguiente, ni corto ni perezoso comenzó su disertación llamando la atención sobre aquellas personas que nunca están contentas con nada y suelen abuchear todo cuanto se les ofrece de forma altruista. Y ya ni que hablar si hay que pagar algo, pues el gasto lo hacen en su propio beneficio, sin el acicate de socorrer a los demás o simplemente cumplimentar su labor social, dando algo de lo que le sobra en sus bolsillos a quien altruistamente le ofrece amparo espiritual.
 
      -Ay de aquellos que no contentos con su propia vida se atreven a cuestionar la de sus convencinos abucheando una y otra vez todo cuanto se comparte por parte de ellos y más aún cuando se hace de forma altruista para "excelsus" incólume de aquellos que sí escuchan para crecer en el conocimiento divino...

    En estas estaba el disertador cuando se levantó un parroquiano alzando su mano para pedir su intervención ante la extrañeza de todos. No era cosa común en este tipo de eventos interrumpir y aún menos pedir la palabra. El disertador acuciado por las miradas de los intrigados parroquianos dió la palabra a tan extraño personaje que se ampara en el anonimato ocultando su cara con el turbante a modo de mascarilla. 

     -Maestro no le haga caso a esa gente que no quiere escuchar... - y cuando todos ovacionaron sus palabras, acomodó sus manos en la boca a modo de bocina y soltó un "Prrrfz" con la consiguiente risotada por la ocurrencia y que terminó con el nazarí encolerizado dando saltos y despotricando a diestro y siniestro de personaje tan incómodo.

    Entonces el sabio vio una luz que pasó desapercibida por todos los presentes pues hay revelaciones que solo las personas con esa capacidad son las destinadas a verlo.

     -Silencio -pidió el insigne nazarí, y la plaza enmudeció quedando todos atentos a su palabra- Si nos quedamos con el ruido, la palabra no tiene sentido; pues esta ha sido pronunciada para revelarnos la verdad para que ella habite en nuestro cuerpo y con ello ennoblezca nuestra alma...

   Toda la plaza quedó enmudecida y los feligreses con sus cabezas gachas en señal de respeto. El nazarí esperó por un tiempo la réplica del quisquilloso sujeto pero esta no llegó a producirse. Entonces el sabio nazarí continuó con la palabra, dignificando el sentido de la vida espiritual contra la banalidad y el ruido de fondo de la vida mundana.







domingo, 18 de octubre de 2015

Llamada a perdición.

   La mano sujeta el maletín con tal fuerza que Jorge siente como se engarrotan sus músculos. La nieve ha dejado el rastro rojo de su sangre tan a la vista y el olfato que siente ya el aliento de los lobos en su nuca. Mira hacia arriba sin dejar de correr, el cielo es azul como el mar en calma, pero eso no es lo que le preocupa: su pierna sí. Se ha hecho una raja tan grande que alcanza a ver el hueso y los músculos van a su aire dando bandazos de un lado a otro. «Tengo que parar... o moriré desangrado» se dice sin dejar de correr... Cuando vuelve la vista al frente lo ve: Un lobo gris, con los ojos azules, casi un reflejo del cielo; «bello animal», sin duda, sino fuera porque está plantado delante de él enseñándole los dientes y con una aptitud poco amigable.
  Jorge se para en seco mientras le viene a la cabeza un episodio de "El hombre y la Tierra" aunque no alcanza a saber por qué. Sabe que era sobre los lobos... Ah, ya recuerda, cazaban en manada, el lobo que hay delante es un señuelo para que retroceda y entonces la manada se le echará encima...
  Jorge echa cuentas desde que ha tenido el accidente del helicóptero, tras la pelea por el maletín lleno de dinero y la pistola que surge Dios sabe de dónde. Cierra los ojos instintivamente tras recordar el disparo y cómo el aparato ha caído sin remisión en la nieve, y dando gracias, pues en parte ha amortiguado el golpe... pero los lobos han aparecido enseguida. A pesar de que su pierna está destrozada ha podido correr y ponerse a salvo... o eso creía hasta que el lobo que tiene en frente le enseña su terrorífica boca de forma no muy amigable y, además, tiene sangre en el morro. Jorge hace una mueca de dolor, pero no por su pierna herida sino porque comprende la suerte que han corrido sus compañeros de aventura: ¡Maldito dinero! grita mientras se levanta para correr en dirección al lobo amenazándolo con el maletín... no ve llegar por el flanco derecho a otro miembro de la manada de lobos; para cuando se da cuenta tiene encima varios ejemplares disputándose su carne y entonces hace lo único que puede hacer para acabar cuanto antes, estira su cuello y lo ofrece al mejor postor.

martes, 13 de octubre de 2015

Libro de relatos.

    En estos últimos meses he estado muy ocupado en la confección de un libro de relatos. Algunos de ellos ya los conocéis; pues no en vano los publiqué en este mismo blog; aunque también hay muchos de nueva factura, eso sí, todos versan sobre el mismo tema. No, de momento no pienso descifrar nada sobre el libro. Ahora hay que empezar a trabajar para su publicación y, en el caso de que no encuentre editorial, quizás me aventure a darle vida en eso que se ha dado en llamar autopublicación. Sea de una forma u otra no quiero darle mucho tiempo para que salga a la luz, pues entonces correré el riesgo de no hacerlo nunca, simplemente porque si la cuerda es muy larga el cerdito se puede escapar. Bueno, amigos ,ya iré informando de cómo va este alumbramiento de un escritor novel que pasa de los 50, y cuya ilusión es ser el escritor más grande de todos los tiempos. En palabras de mi difunto Padre: «Hijo, pide siempre para que sobre, los recortes vienen solos...» Ja,ja,ja. Cuánta sabiduría albergaba. Seguiremos informando...

lunes, 1 de diciembre de 2014

A cara de perro.

    Las gotas de lluvia van golpeando mi cara en agujas tan frías como el acero de mi cuchillo, pero no tan mortales, me enjugo la humedad con la manga del jersey, que tapa ya menos que uno hecho de ganchillo, y continúo mi camino hacia ninguna parte, eso sí, preparado para todo y contra todos porque cuando el mundo se pone de culo, todo y todos parecen confabularse para hacer que caigas en la parte del charco donde haya más barro. Aprieto mis labios, saco los nudillos a pasear y golpeo con decisión la puerta: "¿Se puede?" -es todo lo que sale de mi boca-. Dentro una voz femenina, que denota simpatía, me contesta animándome a pasar:

              -¡Buenos días!- espeto sin presentarme pero ofreciendo la mejor de mis sonrisas.
         
              -Hola, Buenos días . . . ¿Le puedo ayudar en algo?- me dice la chica mientras intercambiamos miradas.

              - Hombre, si tienes algún trabajo para mí, con eso me daría por satisfecho . . .- le digo a la chica sin pensar, como si la conociera de toda la vida.- ¡Ejem . . .! perdone. Voy buscando trabajo y me preguntaba si podía dejarle el curriculum, por si hubiera suerte.- termino diciendo algo más serio que al comienzo.

  La secretaria, me dedica una sonrisa con cara de circunstancias, mientras recoge el folio con toda mi vida plasmada en él.

              - De momento no hay nada -me dice con cara de circunstancias-, lo dejaré en la oficina de personal, nunca se sabe . . .

               -Muchas gracias, ya sé que está mal la cosa, pero aunque sea para cubrir vacaciones, lo que sea, me adapto a todo . . . Bueno gracias por tu amabilidad, no la entretengo más . . .

  La secretaria se me queda mirando con cara de circunstancias, a la vez que me dedica una sonrisa.Ya cuando iba a salir, con el picaporte de la puerta sujetado para abrirla, la secretaria esboza un carraspeo a la vez que me indica por señas la posición en la que va a dejar el folio en el que va reflejada mi vida: hace la simulación de un montón de folios con sus delgadas manos, a la vez que simula dejarlo debajo, mientras pone cara de desaprobación negando con la cabeza, entonces sonríe y simula dejarlo encima para que se vea bien, quedando el primero y asintiendo entonces con una sonrisa en su boca . . .
 Al salir le guiño un ojo seguido de mi mejor sonrisa junto con un gesto de aprobación-agradecimiento. Cuando salgo a la calle, la realidad me vuelve a golpear con la peor de sus crudezas; saco mi agenda, tacho el nombre del negocio, sonrío y miro la siguiente dirección mientras pienso:"A por ellos, que son pocos y huyen" Jajaja, ¡cómo me gusta esta frase!
   El tiempo no deja respiro y en el paro menos, así que, con la frase hecha de "menos es más" enarbolada cual bandera, aprieto mis zapatos contra el asfalto, como si quisiera limpiarlos de pesado barro, me remeto los faldones, aclaro mi garganta y enfilo en dirección a una nueva aventura con el folio de mi vida protegido de las inclemencias del tiempo en un portafolios de plástico -hay que estar en todos los detalles-. Quedo mirándolo y una sombra cruza cual pájaro de mal agüero: Qué poco hay escrito en él, y qué larga va siendo ya mi vida. Ésta que, a últimas, tengo que encarar "A cara de perro".
 

 

sábado, 4 de mayo de 2013

Regreso de la escuela






Todos los días, al volver de la escuela, procuraba ir a su lado.
   El camino de vuelta se hacía despacio; para poder oler su pelo,
mirar sus pestañas, casi acariciar su piel. Andábamos sin mirarnos
con la timidez del primer amor, con la palidez de la inocencia, con la
angustia del no saber. Los pasos iban acuciando la despedida; su casa
a la vuelta de la esquina y mi vergüenza junto a la suya.
   Hacíamos que la ilusión fuera pura fragancia. Secretos embadurnados
en misterio y zalamerías que nos llamaban a ser uno y parte del mundo.
Solo hacíamos camino que del pretender ni lo imaginábamos. Yo, Tú
y el mundo a nuestros pies.
   Adiós era la despedida; pero era un adiós de esperanza, de sigilo,
de palabras escondidas. Miradas que comprometían mi vergüenza y
alegría.
   Adiós era solo un regreso al día siguiente cuando volvíamos a
seguirnos, acera abajo por la avenida, para seguir urgiendo la calidez
de la palabra silenciada, de la intuición del verso vivo.
    Hilamos, con secretos,  la  vida cotidiana que dibujamos en mundos
soñados, esos amores por juglares cantados y en nuestra niñez vividos.







jueves, 25 de abril de 2013

¡¡Corred!!





La noche ha salido en busca de aventuras y fortuna.
¡¡Corred!!, simples mortales, porque su manto es extenso,
su abrazo oscuro y sus labios ígneos de deseo ardiente.
¡¡Corred!!, no miréis atrás. Y, cuando ya no podáis correr
más, solo sentaos y . . . disfrutad.

sábado, 13 de abril de 2013

No creas todo lo que piensas -ni lo que oigas.






 El día era claro y la brisa me acercaba el sabor de la sal a mi
boca. Todo estaba tan nítido que casi hacía daño a la vista.
No había nubes, el sol resplandecía y mis cansados pies ya
 pedían que les diese un poco de descanso. Sentado en un
banco frente a la playa, y con la brisa dándome en la cara,
no sentí la presencia de un hombre que, sentado en el otro
extremo del banco, se había quitado sus zapatos, calcetines
incluidos, y resoplaba, cada cierto tiempo, por el alivio que le
producía el cambio de estado de sus pies.
Con mis ojos cerrados, sólo oía al hombre como se quejaba
y lamentaba cada vez más fuerte: "Señor, Qué placer tan
grande produce el descalzarnos".  Pensé. 
Me levanté y continué andando ensimismado en mis pensamientos.
Al día siguiente acompañé a mi mujer al supermercado y, cuando
estábamos en la cola de la caja, escuché como dos vecinas
estaban comentando un suceso que ocurrió el día anterior en
el paseo de la playa. Al parecer, un señor murió de un infarto
sentado en un banco: "pobre hombre, dicen que murió tranquilo
y en paz, con los zapatos quitados y mirando a la mar". Dijo la
señora que iba delante nuestro.



martes, 2 de abril de 2013

¡Viva la vida!





  Foto de las encañizadas de San Pedro 



Estaba sentado en la roca que queda más próxima al acantilado,
desde ella se aprecia toda la magnitud y grandeza de la vistosidad
que nos ofrece la pelea constante de la mar por penetrar en la
tierra, en un fragor que ensordece y, al mismo tiempo, te encandila
y te deja embobado mirando tan empedernida lucha.
Despacio, me levanté para observar como una gigantesca ola
rompía tan brutalmente en la base del acantilado que, este, tembló
como si de un terremoto se tratara.
Detrás mía oí como una persona se acercaba a mí  corriendo
desesperada, me fijé en él porque no paraba de mirarme, me
estaba hablando pero no podía oírle debido al fragor del
embate del agua en la roca aunque por sus gestos entendí lo que
quería decirme.
-¡No saltes, por Dios, la vida merece la pena!-
Me quedé mirándolo, incrédulo, detrás suyo había un carro de
algún supermercado lleno de enseres sucios y carentes de valor. . .
 para mí.
El hombre cesó su trote y ahora se acercaba despacio  y su olor
se acercaba con él; sucio y mal oliente, demacrado y mal nutrido.
 Sus huesos decían mucho de su estado y sin embargo. . .
¡Intentaba salvarme!
-La vida tiene mucho que ofrecerte- me dice casi en un susurro.

martes, 26 de marzo de 2013

Una vez más. . .







Había olvidado lo bonito que es el amanecer rodeado de los tonos
rojizos que despiertan los rayos de luz en la amanecida de esta mi
tierra . . . mi tierra . . . que bonita la recuerdo y que bien me hace
volver . . . a verla.
Del olor recojo sus hermosas manzanillas, los verdes retoños de los
salados y su mágico olor al salar, a la sal de esta mi mar.
De los sonidos, el suave contacto de la brisa con el mar, el oleaje
que brama inquieto en su orilla y las cabriolas que espuman en el
ribete de la ola, esa que termina en la orilla para descansar. . .
-¡Abuelo, abuelo! ¡ya sale, ya sale el sol, el disco solar! ¡Es como
tú me contabas, como me decías . . .!
-Si, mi nieta, nieta mía, pero dime, cuéntame tal cual lo ves, háblame
de sus colores, de su magno despertar, coge mi mano y hazme
sentir la ilusión, que pueda de nuevo vibrar, ¡Corre, de prisa que en
poco saldrá y ya no te dejará mirar!.
-Sí abuelo, pero quita esas tus gafas, que aunque no lo puedas ver,
su calor puedas sentir. . .

P.D. : Quiero dejar claro que siento un profundo respeto por las
personas ciegas y, que en este relato, solo quiero reflejar lo que
se debe sentir cuando alguien te transmite una emoción que has
vivido y que ahora revives a través de esa persona.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Carlitos bota bota -parte II-


Y cada día a la misma hora, Carlitos bota bota subía al tejado
de su casa y botaba y botaba pero a la luna nunca llegaba.
Y así pasaron los días, y pasaron los años, y siguieron pasando.
Carlitos -ya Carlos bota bota-  veía como su Luna de nácar
noche tras noche se le escapaba, así que se decidió y buscó la
montaña más alta y subió a la cima mas alta que nunca viera.
Sus huesos ya no eran jóvenes y fuertes, ni su fuerza era la
misma de antaño, pero decidido comenzó a botar, botar y
botar, y su mano a alargar, alargar y alargar hasta que en uno de
los saltos, sintió como era el más grande que nunca había dado.
Hasta la Luna blanca de nácar llegó y en su brazo quedó
recostado mirando las estrellas, estas, sus pupilas de luz
llenaban y su cara estaban iluminando.
Madre Luna de nácar, le recostó en su regazo, cantó
una nana como jamás se había oído y sonriendo le dejó
dormidito y con su cara sonriendo.
Piluca, -que así Carlitos bota bota a su hija había llamado-
Despertó contrariada, un fuerte golpe había, en la habitación
de su padre Carlos bota bota, resonado. Incrédula, se levantó
al ver una luz brillante en la habitación de su padre Carlos bota
bota.
- Pero . . . si apagué la luz cuando acostado le dejé - se dijo
para sí Piluca.
Al entrar en la habitación vio a su padre con la sonrisa plasmada
en su cara, y tan brillante que parecía una estrella en medio de
la noche más oscura que nunca se viera.
- ¡Papa, papa! gritó Piluca la hija de Carlos bota bota.
- ¿Qué pasa hija mía ? Contestó Carlos bota bota con la alegría
marcada en la cara y reluciente como una estrella.
-Estás . . . estás brillando con luz propia . . . - alcanzó a decir
  Piluca, frotándose los ojos incrédula.
Carlitos bota bota, se quedó mirando a su  hija con la sonrisa
grabada en su cara y su cuerpo brillando como una estrella del
firmamento. Cerró sus ojos y, sentado en  la Luna blanca de
nácar, siguió jugando con las estrellas, y el muy truhan la luz
les iba robando.
Desde entonces, cada noche se ve en el firmamento, cuando
anochece, una nueva estrella que brilla más que la estrella más
brillante jamás vista y se oyen sonrisas en la noche junto a
Madre Luna de nácar.







domingo, 10 de marzo de 2013

Carlitos bota bota - Parte I -


Carlitos bota bota, siempre tan dicharachero, iba caminando
bota que bota por los caminos, sus amigos se reían  cuando
le veían siempre bota que bota.
- ¿Porqué estás siempre bota que te bota, salta que salta
saltando? - le preguntaban cada vez que por su lado pasaban.
Y siempre obtenían la misma respuesta de Carlitos bota bota
- A la Luna quiero llegar para estar toda la noche mirando las
estrellas y en su regazo soñar y, si puedo, una estrella me he
de traer, para que mi vida pueda iluminar.
Y entonces todos se reían y reían, pero Carlitos bota bota,
su camino seguía, sin importarle lo que sus amigos decían.
Carlitos bota bota, un día subió al tejado de su casa y cuando
se hizo de noche estaba bota que te bota y cuando botaba
su mano muy estirada iba alargando, en uno de sus saltos,
la Luna de nácar parecía estar a su lado.
La Luna plateada vio como el niño Carlitos bota bota cada
vez su mano mas cerca le iba acercando y, madre como es
mi luna de nácar, le preguntó:
-Niño que estás bota que te bota ¿porqué quieres saltar
tan alto?
-Hola Luna de nácar. soy Carlitos bota bota, me llaman así
porque siempre estoy salta que te salta  para poder
llegar a ti, Luna plateada y que me cojas en tu regazo, que en
tu regazo quiero estar madre Luna, para poder ver de
cerca las estrellas y su brillo robar.
-Lleva cuidado Carlitos bota bota, muy alto estás volando
y si te caes mucho daño te puedes hacer. Le dijo la
Luna de nácar y plata, mirándole con mucho cariño.
Pero Carlitos bota bota no hacia caso y cada vez su
salto era más alto y su mano más alargada y cada vez
su luna madre de nácar estaba más cerca y la tierra
bajo sus pies más alejada.







sábado, 5 de enero de 2013

MIRÓN


Esto es lo que me contaron de un mozo que de noche
acostumbraba a espiar a las parejas, que jóvenes
ellas, enlazaban sus cuerpos en el fragor de la noche
para dar gusto al cuerpo y calma al alma, que también
en estos lances es sufrida viajera de encuentros
iniciados al anochecer y terminados con las primeras
luces del alba.
Cansados los mozos de tan peculiar mirón que todas
las noches les fastidiaba, decidieron dar escarmiento
para que el día largo se le hiciera y la noche eterna
se le antojara. Vistas así las cosas una trampa tendieron
a tan esquivo personaje que aunque escondido, todos
conocían de sus esperas a tan fieles parejas que en
la oscuridad de la noche, y a resguardo de indiscreciones,
se abandonaban a los toqueteos, arrumacos y empujones
para calmar el ansia tan carnal y terrenal como celestial.
Las mozas, bellas y lozanas como ellas solas, descubrieron
lo que los chicos estaban tramando, dar escarmiento a tan
afamado mirón, así que entre unos y otros tramaron una
trampa que, a la postre,  aunque era por lo que
el mirón perseguía a las parejas, no iba a ser de su agrado
y se llevó tal escarmiento que nunca a estas lides que
tanto le habían ocupado volvió para dar desahogo
a tan subido lívido.
Contrataron a dos travestidos y ya en el paraje
donde el consabido mirón había hecho parada
y espera a las parejas, dieron rienda suelta a sus
apetitos carnales, los travestidos de grandes
pechos y sensual figura, enseguida llamó la atención
de tan molesto personaje, quedó este mirando
la escena tan sensual y apasionante sin darse
cuenta ni de la presencia de los mozos ni el
olor a brea tan penetrante.
Subido al árbol desde donde oteaba los placeres
de la gente, observó a través de sus prismáticos
como la pareja tan insinuante, se le quedaba mirando
fijamente, mientras desnudos iban a su encuentro.
¡Me ha descubierto, me han descubierto!
Se decía, mientras con toda la premura de bajar
del árbol, se dejó caer desde cierta altura y rodó
por el suelo, con tan mala fortuna que se envolvió
con toda la brea que con buenas ganas los mozos
al pié del árbol habían derramado.
Pillado y asustado, vio llegar a la pareja de travestidos
que riendo muy alocados sacaron sus hermosos penes
y mearon a tan asustado mirón que dando traspiés
no paraba de remozarse en la brea hecha charco.
Tan asustado como espantado, en uno de los
envites, salió del charco como alma que lleva el
diablo, más al pasar junto a un matorral, dos
sacos llenos de plumas de gallinas de corral
fueron a su cuerpo a parar, jadeadas y espolsadas
por los mozos y mozas, que con gran algarabía
daban por hecho que le habían proporcionado
a tan peculiar personaje un buen escarmiento.
Nada más se supo de susodicho mirón, lo que
contrarió a más de uno es que el hijo del Alcalde
en una temporada por el pueblo no apareció.
"Esta en la capital visitando a su tía abuela
es lo que encontraron por toda respuesta".
Eso sí, el Alcalde se vengó de aquella
afrenta, y a impuestos a sus feligreses asedió,
pero cada vez por su lado pasaban todos y
cada uno abonico le cantaba:
"Alcalde, alcaldito, alcaldón, que tienes un
hijo tan cobarde como marujón. Un día
fue rellenado de plumas y brea como
un pollito capón, por muchos impuestos
que nos pongas, no podrás cambiar que
tu hijo sea tan cabrón como mirón"


lunes, 26 de noviembre de 2012

LA PELUQUERÍA


Esta mañana a la peluquería he ido, para este mi  pelo
arreglar, que no gusto de llevar largos mis cabellos.
He aquí la conversación que mantenían dos niñas,
pues de señoras es la peluquería, tan pijas como
cursis pero que a la postre me hicieron reír y
aclarar algunos puntos de vista:
- ¿Qué tal te fue anoche con ese niñato que se
te arrimó tan fresco y guapo?
-¡Bah! Tú misma lo has dicho un niñato, y Tú 
¿qué tal con ese noviete que te has echado?
- Pues hija, un cabronazo, anoche lo pillé con una
rubia en los lavabos, el muy cabrón me la estaba
pegando, y es que todos los hombres son iguales,
la tonta de turno le guiña un ojo y a pastar que
para eso el monte no tiene vallas.
- Pues que fastidio de tíos y que putas algunas. . . 
-Ella no tiene la culpa es que los tíos son todos iguales. 
-Todos no Mujer, por ejemplo mi Padre. . . 
-Ya, ya, para saber lo bueno que es tu Padre tendríamos
que preguntarle a tu Madre.
Ahí pararon la conversación al escuchar mis risas,
y un poco ruborizadas, abonico siguieron sus pláticas
pues falta de razón no tenía la susodicha niña.
Que lo que parece rojo para unos, a otros
antojárseles lila puede.

lunes, 19 de noviembre de 2012

LA TALLA.


He aquí lo que de un pueblo, de esos que acostumbran a contar
historias,  a mis oídos ha llegado, que sin ser chanza ni broma,
ocurrió para deleite de propios y extraños.
Era este, el pueblo, de hombres trabajadores y mujeres muy
religiosas y recatadas. Todos, unos y otras, andaban muy
apenados pues en su Ermita, la de la cima de la colina, viuda
estaba de imagen de su tan devoto Santo.
En medio de la plaza mayor, asamblea como nunca vista
organizaron para pedir reparo de tal disloque y, así poder
en procesión y romería, llevar a su Santo Patrono por las
calles de pueblo tan piadoso.
Todas las perras que pudieron recoger fueron puestas
a disposición de un Imaginero, que viendo tanta devoción
y fervor de pueblo tan ansioso, predispuesto se halló para
tallar tan magnánimo Santo.
Todo ya dispuesto, solo faltaba la materia prima para
dar alma y forma a la talla por las manos del artesano.
Un agricultor, metido a Santo, ofreció un árbol, olivera
por más señas, que arrinconada y vieja, años llevaba
sin dar fruto, ni cobijo, o sombra alguna.
Arrancada y puesta en manos de tan deseado artesano
una talla como nunca se halla visto apareció ante tan
religiosos aldeanos.
¡Procesión!, ¡procesión! Para el primer domingo de mayo
así juntaremos el día de las Madres y el Santo, Gritaron
todos al unisono en la misma puerta de la Ermita que había
de servir de alojo a tan bienvenido antojo.
El tan esperado domingo llegó y todo el pueblo engalanado
a su Santo en procesión sacó, haciendo gala las mujeres
de mantillas y ropas nuevas vestidas de Manolas.
Al pasar frente al agricultor, poco dado a desfiles y
menos aún tan devotas plegarias, su cabeza de la boina
descubrió pues eso, es de buena educación, y mirando
la imagen estas palabras musitó:
" En mi huerto te crié y nunca me diste nada,
me río yo, de los milagros que tú me hagas".



Posdata: este breve relato está inspirado en un chiste
que me contaron hace mucho tiempo, con lo que
no quiero herir susceptibilidades, pues yo solo
le he dado forma y no es mi intención hacer
desagravio de la manera de pensar de nadie.







jueves, 15 de noviembre de 2012

MARUJAS.


He aquí lo que a mis oídos ha llegado:
"Dos Marujas de esas de armas tomar todas las mañanas salían
a su puerta para barrer y adecentar. Como el perro y el gato se
llevaban  y se criticaban despellejándose la una a la otra, aunque
sin llegar a desollar. ¿El motivo? líos de esos de faldas que la
gente dice que han dicho que dirán y, que con el paso del tiempo
solo queda el resquemor de si será verdad.
Toditas las mañanas a la misma hora salían al portal, escoba en
mano y la lengua "afilá". Durante sus escarceos se dedicaban
todos los improperios conocidos, pero cada una en su lugar,
acera y vivienda, que eso es de respetar.
Una mañana, solo una de ellas salió a su portal, intrigada por
la ventana de su vecina se fue a asomar, viendo como esta,
enferma, no se podía ni levantar.
Un puchero, de los de Gallina vieja, con yemas, higadillos,
mollejas y hueso de buen jamón puso a cocinar, la susodicha
Maruja a su vecina a mediodía fue el caldo y la compaña
 a su casa a entregar diciéndole:
-Toma un caldo que te he preparado, que así te ves, porque
ni tienes posibles, ni sabes cocinar, mala pécora que todos los
días me la tienes que pegar.
La enferma contestó con cara de resabiá:
- ¿Qué tú sabes cocinar? si ni el gato se atreve tus basuras a
probar, además, seguro que con esta bazofia  me quieres
envenenar.
Terminada la conversación, el cazo sobre la mesa de camilla
la Maruja dejó para el día siguiente recoger y volver a llenar.
Así hasta que la vecina que le tenía tanta inquina mejoró y
sana volvió a la calle para su baldosa limpiar y de paso a
su vecina despellejar.
En otra ocasión fue al revés lo que ocurrió y la que un
día estuviera enferma, ahora sana, de la misma forma , guisado
cazo y sorna, a vecina tan odiosa cuidaba"
Y es que como decimos por estos lares:
"los amores reñidos son los más queridos" y "no hay amistad
más apretada que la necesitada"
Así ocurrió, y así ocurre, porque las susodichas Marujas
unidas en esa maldita divina vecindad, ahora viudas, juntas se
toman el caldo de gallina vieja y el chocolate. . . de espaldas.






miércoles, 31 de octubre de 2012

Secreto de confesión. (perdón)


He aquí que un mozo donjuán donde los haya, bebía los vientos
por la sobrina del cura, moza en edad de merecer y golfa por parte
de padre no reconocido, El cura, que no las tenía todas consigo,
a la calle no la dejaba bajar y el mozuelo barruntaba como
pegársela al capellán, para la sobrina  poderse zumbar.
Una tarde el mozo a la sacristía fue a parar:
"Sr. Cura al oficio vengo a ayudar, con  la venia de su santidad"
 Presto, el cura no vio lascivia en su bondad y junto a la ahijada
 le puso en  el altar con la fiel promesa de solo ayudar.
Cogida la confianza, el muy truhan, en la misma sacristía
a la sobrina se ventilaba mientras el cura, sacramento en mano,
la confesión a los fieles iba a tomar.
No tardó en enterarse del embuste, nueve meses y un día
fue bastante para conocer la burla del truhán.
La gente, de lengua partida, con saña y alevosía cruzaban
al cura cantando abonico a sus espaldas.
"Cura, curita, curandón, que guardabas bajo llave la verdad
de la ahijada en paternidad negada, vinieron a darte de
morros en toda la cara, pues no fue en descampado,
ni rincón, ni calle o parador sino en sacristía, mientras
impartías el sacramento de confesión, donde la almendra
fue partida".


 Posdata:  Mis más sincero respeto hacia la vida y costumbres
de los curas. No ha sido y nunca será mi intención hacer burla
o desosiego de tan admirada figura por parte mía, solo un juego
de palabras sin ánimo de  hacer apego a ningún cura, capellán
u otra figura de la vida clerical.