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sábado, 30 de mayo de 2015

El emisario del Tiempo V

               -La gente cada vez está peor: "Que esté atento a las señales" será posible... ¿Es que tengo cara de tonto o qué?- me digo mientras me vuelvo a mirar las manos, esta vez están vacías, como siempre.

   Después de andar unos cuantos pasos, vuelvo mi cabeza atenazado entre la curiosidad y el temor, pero el caminante ha desaparecido. Vuelvo a mirar, ha pasado tan poco tiempo que no es posible que haya desaparecido, el camino no tiene variantes, ni a un lado ni a otro, sigue recto y, además, no hay cuestas ni tampoco arboles grandes que puedan ocultar a una persona adulta. En fin, la tarde me vuelve a embriagar con sus dulces aromas y se me ofrece para acompañarme en mi paseo para aclarar mis ideas y dejar que mi mente vuele tan lejos como quiera.
   Al cabo de un rato miro a mi alrededor en busca de pistas que me sitúen pero más allá de hacerlo, todo cuanto veo me es extraño, pero no por ello hay temor en mí, todo lo contrario: una paz interior parece salir para acallar mis dudas y decirme que todo está bien ¿Será una"señal"? Las palabras del caminante toman ahora forma en mi mente y cuando veo una luz que parece un candil al final del camino, que se me antoja nuevo y extraño, sé que es ahí hacia donde debo dirigirme.
 
        -¿Pero qué demonios?- Es la pregunta que me asalta cuando llego a las puertas de mi destino: Una fonda del siglo XIII o XIV algo que he visto en las películas que versan sobre la Edad Media. Sin pensármelo dos veces abro la puerta y me veo inmerso en una fonda tan antigua y bulliciosa como el tiempo, miro hacia detrás para contrastar la paz que he dejado detrás de mí pero la puerta ya está cerrada, ni me atrevo a salir; algo me dice que no lo haga, esta aventura es hacia delante sin mirar atrás. Entonces le veo, se parece al caminante, pero más, como diría sin ofenderle, es como si el tiempo le hubiera caído encima de golpe y no hubiera podido remediarlo. Alza su mano macilenta cuyas venas se enredan en sus huesos para dar, si cabe, un toque más macabro a su aspecto  indicándome que me acerque a su mesa. Todos los presentes en la fonda callan ante mi presencia y giran sus cabezas para dirigir sus ojos hacia mí. Despacio me abro paso hacia la mesa del caminante y cuando llego a su altura, alguien me ofrece una silla que recojo gustosamente para sentarme en ella, entonces el caminante me ofrece su mano mientras una mueca de sorna, que aparenta ser una sonrisa, se refleja en su cara mientras me dice: "Bienvenido, te estaba esperando".
   La duda me asalta entre salir corriendo o agarrar la mano tendida. Me declino por lo segundo.

              - ¡Dios Santo! ¡Qué cojones...! ¿Quién diablos eres?- Es todo cuanto puedo decir sin llegar a vomitar mientras me quedo clavado en la silla perplejo ante lo que han visto mis ojos y he sentido en mi corazón.

viernes, 15 de mayo de 2015

El Emisario del Tiempo IV

   Peter no sabe dónde se encuentra, simplemente porque él no entiende de esas cosas, él solo sabe de su mundo. Hay un hombre golpeando a su madre mientras le grita en la cara algo que es incomprensible, pero claro, es que Peter tampoco entiende el idioma que usan los mayores, bueno, el de su padre sí, pero su padre ya no está... bueno eso tampoco es del todo cierto, se fue pero sigue estando.
  Peter ni siquiera siente el dolor cuando ese hombre tan bruto, con esas manos tan grandes le da una hostia que le tira de culo. Peter se levanta, con su cara de bobalicón y, como la silla ya no está en pié, se sienta en el suelo, pero no se mesa el pelo, no se toca la cara con su mano, a pesar de que le hierve, solo se queda sentado en el suelo con la mirada perdida.

               -¡Ves a lo que me obligas perra inmunda!- vocifera el hombre malo-. A mí no me gusta pegarle a los niños, y menos a los tontos, ¿ sabes por qué tu hijo es tonto? Pues porque sus padres son tontos. Si me dices dónde está lo que busco y que el hijoputa de tu marido me robó, pues no pasa nada... ¡No pasa nada. Joder!- termina diciendo mientras se acerca de nuevo a Peter.

     La madre de Peter no contesta, solo gira su cabeza para intentar ver a su hijo, pues éste ha empezado a tatarear una canción; hum, hum ... hum hum hum... hum, hum hum. Y eso no había sucedido nunca...

    El hombre malo arma su puño mientras mira a los ojos de Peter, solo ve sombras.

    Peter fija la vista en el espejo de Padre, un espejo negro que a Madre no le ha gustado nunca, pero a él sí, y a Padre también.
    Al hombre malo no le da tiempo a parar su puño cuando ve en la pupila de Peter cruzar una sombra que conoce muy bien y siente un escalofrío que se convierte en pánico. Peter saca su lengua para saborear la sangre que corre por la comisura de sus labios mientras mira a Madre, algo que nunca antes había sucedido y Madre pone cara de extrañeza, pues ve en su hijo, algo que nunca antes había visto mientras se le eriza la columna vertebral. El hombre malo golpea a Peter y un aullido sale de su boca, su zarpa se enrojece por momentos mientras un humo negro con olor a cieno sale de su tobillo izquierdo inundando toda la habitación de ese olor inmundo con sabor a muerte. Ahora el hombre malo está en el suelo con los ojos fuera de su cuenca, pero negros, su boca abierta mientras su lengua se ha encogido en su paladar para asfixiarle y, derrumbado en el suelo, su cuerpo de mastodonte da un par de sacudidas para terminar inerte en el suelo, de sus oídos empieza a manar un hilo de sangre...

     Peter vuelve a mirar el espejo negro, sonríe mientras tararea esa música que a su Madre empieza a sonarle... es de una serie de televisión algo de Juego de... pero no termina de sacarle el ritmo mientras se desmaya.

    Peter vuelve a mirar el espejo negro y en sus pupilas una bruma se refleja tan negra que solo él es capaz de verla. Ahora la cara de Peter muestra una mueca que solo él sabe que es un atisbo de sonrisa mientras sigue tarareando: hum, hum ... hum hum hum... hum, hum hum...
 
 

viernes, 8 de mayo de 2015

El emisario del Tiempo III

                 - ¿Estás seguro de que quieres venir?

                 - No tengo alternativa . . . y lo sabes Juan. Arranca de una vez, antes de que alguien empiece a preguntarse qué hacen dos gilipollas en una lancha a estas horas.

                 - Ray, mírame a los ojos, si zarpo no habrá vuelta atrás, eres mi hermano pequeño, no tienes porqué hacerlo...

                 - Sabes que le debo dinero al hijo de puta del Gordo y si no se lo devuelvo mañana lo voy a pasar mal...- contesta Ray mirando de hito en hito a su hermano, sin pestañear, aguantando la mirada como si el miedo no fuera con él. En su interior le temblaba hasta el alma.

                 - Como quieras, vamos allá. Ah, nada de heroicidades, si aparece la lancha o el helicóptero lo tiras todo por la borda, ¿Me oyes?- le dice Juan dando un apretón del brazo a Ray- Lo tiras todo, asiente con la cabeza si me has entendido- sigue inquiriéndole mientras los potentes fuera-bordas convierten el silencio de la noche en un estruendo ensordecedor.

    Ray baja la mirada y asiente con la cabeza mientras se zafa de la zarpa de su hermano mayor. Vuelve a mirarlo con la extrañeza de quien sabe que este no es su sitio, tampoco el de su hermano pero así es la vida. . . 

                 - ¡Pues vamos allá ... !- grita Juan al viento mientras el embarcadero se va diluyendo.

     Ray se agarra como puede a la barra de acero que le sirve de asidero mientras la lancha se pierde entre los saltos de espuma, el viento en la cara y el miedo en el alma, en una noche sin luna.

           

miércoles, 6 de mayo de 2015

El emisario del Tiempo II

Recogí el cigarrillo de su maltrecha boca para darme cuenta de que ya no estaba, se había ido, y su mirada andaba perdida allá donde su mente se encontrase. Comenzó a hilar palabras inconclusas balbuciendo otras que eran ininteligibles. Y miré de nuevo a sus ojos entonces comencé a encontrar las pistas de lo que estaba ocurriendo pero no la respuesta. Donde antes había un infinito perdido ahora aparecían sombras que helaban mi sangre y atenazaban mi corazón y eso no es fácil que ocurra en mí; entonces le zarandeé con todas mis fuerzas y su cabeza parecía a punto de salir rodando hasta que volvió en sí y mirándome asombrado se incorporó...

                        - ¿Qué cojones haces tío? ¡Quieres matarme o qué!- me dijo escupiendo por la boca mientras se masajeaba el cuello.

                       - ¡Joder! Tenías que haberte visto parecía como si te hubiese dado un yuyu ... me has asustado de verdad ...

                      - ¿No me habrás tocado las manos? ¡Dime que no...! - me contestó con furia contenida en sus palabras, como si mi vida hubiese dependido de ello. .

                      - ¡Serás capullo!, ¡qué mierda es esa de que no te toque las manos en tus "Transformaciones"!, ¡siempre igual; "no me toques las manos, no me toques las manos"! ¿Qué me va a pasar ... me voy a volver maricón o qué? - le espeté casi rozándole la cara, y enseguida me retiré de él tapándome las narices ante el fuerte olor que despide cuando entra en estos "trances".

                      - ¡Déjame en paz ...!  y pide otra frasca de vino si quieres que siga contándote mi historia.

                      -Por hoy está bien, ya me has asustado bastante... te dejaré pagada la bebida. La mar me espera y esa zorra no perdona ni una, así que tengo que estar sobrio.

                      -Cuídate esta noche, no hagas tonterías, mañana te espero para continuar con mi historia- me dijo mientras con un acto involuntario casi roza mi hombro con su mano...

                   

   
 

lunes, 4 de mayo de 2015

El emisario del Tiempo I

   La tarde se me echó encima, el camino se me hacía lento pero no cansino; pues estaba disfrutando de cada momento, de cada vista que el paisaje me ofrecía y, sobre todo, del silencio que tanto me acompaña en mis paseos. El caminante se me echó encima casi sin darme cuenta, por un momento sentí miedo, su aspecto no era muy halagüeño pero cuando intercambió un saludo al cruzarnos toda reticencia por mi parte se diluyó: su voz era tan dulce y profunda que nada malo podía salir de tan armoniosa sentencia: "Buenas tardes nos de Dios, y que sea él mismo el que te acompañe y guíe". me dijo mientras cruzábamos nuestros pasos. Por un momento no acerté a decir nada pues me pilló por sorpresa. Le miré a los ojos y solo alcancé a ver bondad en ellos. Por fin, ya alejado unos pasos del caminante, me volví y conteste: "Igualmente, amigo caminante, que Dios guíe tus pasos en esta tarde tan armoniosa que Él nos ha regalado para que la disfrutemos".

            -El reloj de arena que llevas en la mano no te pertenece. No es tu tiempo el que cuenta. -me contestó el viajero mientras daba vuelta a su cabeza mirándome con dulzura.

           -No acierto a comprender qué quieres decir,  no llevo ningún reloj en mis manos y menos aún de arena...

           -Mira bien entre tus manos- me dijo mientras hacía alto en su camino y se volvía para ponerse frente a mí.

    Para mi asombro, un reloj de arena apareció, como por arte de magia, entre mis manos...  lo más asombroso era que el reloj no tocaba mi piel, permanecía envuelto en un aura luminosa flotando a una milésima sin llegar a rozar mis palmas. Mi cara de sorpresa tuvo que ser mayúscula pues el caminante sonrió dulcemente con cara de comprender mi impresión.

        -¡Qué demonios...! -grité mientras saltaba hacia detrás dando palmadas en un intento de hacer desaparecer el susodicho reloj.

        -No te preocupes, ya te he dicho que no te pertenece pues no es tu tiempo el que cuenta. Tienes que estar atento a las señales, hazme caso, las señales serán las que te indique lo que tienes que hacer, ve con Dios pues solo Él puede dar sentido a tu vida.

 


jueves, 30 de octubre de 2014

Lucero -Capítulo 3-

  La noche se hizo casi al descuido y Dena, refugiada bajo un sauce cuyas ramas tocaban las heladas aguas del lago, vio como todos sus compañeros desaparecían por la abertura de salida y cuando la sombra llegó al punto crítico la gran piedra comenzó a cerrarse haciendo un ruido atronador. Dena sintió ahora el miedo que no le había llegado a la hora de decidir quedarse allí, aislada en un valle que ahora era un vergel y cuyas historias le hicieron estremecerse. De forma involuntaria se adentró más hacia el interior de su refugio acercándose al tronco, al amparo que el sauce llorón le ofrecía. A través de las ramas pudo observar el resplandor de la luna sobre las nevadas cumbres que aislaban del resto del mundo el vergel en el que ahora se hallaba, se desperezó haciendo caso omiso al run-run que su estómago empezaba a emitir, echó un trago de agua del odre y, apoyándose sobre el tronco del sauce, quedó mirando al lago donde la luna iba dejando ya un hermoso camino plateado en contraste con la oscuridad reinante. "Qué hermoso" pensó para sí y volvió a echar un trago del odre cpn la mirada fija en el infinito.

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   Cuando llegaron los carros tirados por bueyes junto con los asustados mortales al poblado, ya era noche cerrada, las grandes hogueras circundaban el pueblo y los vigilantes, armados hasta los dientes, andaban ya en reyertas con los habitantes de la noche, ávidos de sangre fresca.
  En la empalizada, aún sin terminar, les estaba esperando Shahin el jefe del poblado. Éste se acercó al carro donde su lugarteniente Randon caminaba con la cabeza gacha y la mirada perdida, tenía el ceño fruncido y en su cara se reflejaba la preocupación. Cuando Shahin se plantó delante del carro deteniendo a los animales, Randon no pudo por menos de arrodillarse para poder pedir clemencia.
  Shahin se arrodilló a la par de súbdito.

               -¿Dónde está Dena? te advertí que cuidaras de ella- comenzó a decirle en tono muy bajo como si la paciencia fuese una de sus virtudes.

               -No , , , no lo sé Señor, cuando salimos del valle ya no estaba con nosotros, debió quedarse atrás o alguien la cogió, no sé- respondió Randon sin levantar la cabeza.

               - Bueno, mañana saldremos a buscarla, tú dirigirás el grupo de búsqueda.- le dijo Shahin  a Randon arrastrando las palabras mientras se levantaba -¡Ah! más te vale volver con ella. ¿Entiendes lo que quiero decir?- le escupió en plena cara mientras le agarraba por la pechera.

               - Señor, todo ha terminado allá arriba- dijo Randon señalando con su dedo indice el cielo.

               - ¿Pero, . .  qué has dicho? ¿He oído bien? ¿Porqué cojones no me lo has dicho antes?- dijo Shahin gritando para atraer la atención de todo el mundo.

  Shahin se levanto de un salto lanzando un aullido que dejó helados a todos, se mesó el cabello, hinchó su pecho de nuevo y un aullido casi sobrehumano salió de su garganta, cuando hubo terminado se escuchó un profundo silencio por respuesta.

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  El palacio es tan descomunal que Uriel podía desplegar sus alas y aún así la distancia entre las enormes columnas era casi del doble de su envergadura. Volar entre las más de mil columnas no era problema pero estaba prohibido, así que tardó un buen rato en llegar hasta la sala central, cuando llegó a la puerta, ésta estaba custodiada por dos ángeles oscuros, la guardia de Nos, no se les puede mirar a los ojos, según dicen la locura es instantánea. Uriel, se puso delante de la puerta de doble hoja, nunca había estado allí, así que, aunque se lo habían contado, no por ello la impresión fue menor. La enorme puerta tenía la misma anchura que dos columnas y su altura se perdía en la negrura del techo. pero lo que más le llamó la atención a Uriel fueron los relieves que aparecían en sus cuarterones: eran escenas vivas de la lucha entre el bien y el mal, eternas luchas entre ángeles que se representan una y otra vez en cada uno de los miles de cuarterones que componen la grandiosa puerta
de entrada al Samada.
 Uno de los guardianes de la puerta se acercó a Uriel y, sin mediar palabra, extendió sus brazos indicándole que le entregara las armas. Uriel depositó su arco, el carcaj y se desabrochó el tahalí de cuero repujado con motivos guerreros en el que porta su querida espada Legna, entregándosela al guardián, no sin antes decirle, medio enserio medio en broma: "Cuida de ellas como si fueran tuyas, y lleva cuidado no te vayas a cortar", La única respuesta que obtuvo Uriel fue el chirrido que produjo la puerta al abrirse, Uriel se ciñó el quitón ajustando el cinturón y esperó a que la puerta estuviera abierta por completo, no quería dar la impresión de estar asustado, enjuto y decidido comenzó a entrar en el Samada, a cada paso su asombro iba en aumento, estaba acostumbrado a cosas hermosas pero lo que estaba viendo se escapaba a su entendimiento, simplemente era . . . era . . .

             - Nos queremos saber.

  Éstas fueron las palabras que sacaron de su abstracción a Uriel, quien las había pronunciado estaba detrás . . .  no, detrás, no, arriba, a la derecha . . . no, no estaba . . . Uriel empezó a dudar mirando a su alrededor.

             -Ja,ja,ja. A Nos nos hace gracia tu cara de desconcierto, ¡lo que hay que ver! en la batalla sois implacable y sin embargo, ahora parecéis un querubín asustado.

     Uriel miro hacia delante y le vio. Le miró para ver y supo quién era. Y entonces comprendió.
Aunque su cara enrojecida dijera otra cosa, él era el vencedor y ahora tenía que rendir cuentas.

            - Vive, como ordenasteis; le corté las alas con Legna, vuestro regalo, y para asombro mío sus heridas sanaron en el mismo instante en el que se las cercené, ni siquiera sangró. No rogó, ni suplicó cuando vencido, le di el mensaje. Su arrogancia fue aún mayor, tenía que haberle matado entonces, pero algo en mí me lo impidió, ahora sé y comprendo: La espada Legna, vuestro regalo hacia mí, era para éste propósito- Dijo Uriel con emoción contenida.

            - Nos le queríamos, era tal cual yo, pero le cegó . . . Bien, Nos queremos saber más.- respondió Nos, sin más explicaciones.

            - Está expulsado en el paraíso, cayó en el lago y ahora está a punto de salir de él, junto al gran sauce . . .

            - ¿Algo más que Nos tengamos que saber . . .?  por ejemplo lo de la mujer.

           - Pero, , , ¿Cómo, cómo . . .?- dijo Uriel balbuceando asombrado- Iba a contároslo, pero no me habéis dado tiempo- siguió diciendo intentando guardar la compostura.

           - Nos estamos un poco impacientes . . . continúa.

           - La mujer pertenece a una cuadrilla de apoyo y por motivos desconocidos se ha quedado en el paraíso, y ahora mismo está bajo el sauce, si no lo impedimos se encontrarán.- Terminó diciendo Uriel con tono de alarma.

           -Nos queremos que vigiles sus pasos. Nos queremos que tu presencia no sea advertida. Nos queremos que salgan por sí solos, si las criaturas de la noche, la fauna terrenal o los mismos hombres se interponen, que sea el libre albedrío el que imponga su devenir. Ahora Nos queremos que te vayas y cumplas las encomiendas.

           -Pero, ¿y si su vida corre peligro? ahora es mortal . . .- respondió Uriel casi sin darse cuenta de lo que decía.

           -¡Que se joda! Y ahora Nos queremos que te vayas . . . ¡Ya!

 





martes, 28 de octubre de 2014

Lucero -Capítulo 2-

 Todo parecía haber acabado; el Ángel custodio había desaparecido envuelto en un resplandor al igual que los cadáveres repartidos por todo el campo santo y los que había amontonados en el carro tirado por bueyes, el cielo se abrió para dar paso al sol y lo que antes había estado sembrado de muerte y mustia naturaleza en una tierra que se presentaba baldía, se mostraba ahora de una exuberancia cercana al paraíso terrenal.
   Dena siguió hacia el manantial y de la fuente llenó su odre de un agua limpia y fresca, lavó sus manos y refrescó su cuello y nuca con las manos humedecidas, sus compañeros estaban absortos, mirando hacia ella ensimismados, Dena los miró con sorna:

          - Valiente pandilla de cobardes asustadizos- les dijo mientras recogía el odre de agua -¿Qué miráis con tanta insistencia?- acabó preguntándoles ante las caras de sorpresa con las que miraban hacia ella.

          - No es a ti a quien miramos, estúpida, mira detrás tuya . . . - contestaron todos casi al unísono.

  Dena giró sus lindo cuello y sus ojos se posaron en una luz que caía del cielo, parecía como si el lucero de la noche cayera a la tierra envuelto en una luz cegadora, un fuerte sonido acompañado de una explosión terminó con el espectáculo y, fuera lo que fuera lo que cayó del cielo, fue a parar a las  profundas aguas del lago que se avistaba no muy lejos de donde se encontraban los asustadizos mortales, que visto lo acontecido, lo único que querían era abandonar el lugar lo más rápido posible, el atardecer era ya muy notable y las historias que se contaban sobre este lugar por la noche aconsejaban abandonarlo cuanto antes.
  El cortejo se apresuraba todo lo que podía para salir cuanto antes del valle, cuando arribaron al camino que bordeaba el gran lago central, entraron en procesión con otras cuadrillas, que como ellos, volvían a toda prisa para salir cuanto antes, si la noche se les echaba encima sería imposible salir de allí, y eso era sabido por todos.
  Cuando llegaron a la gruta de salida, la piedra aún no la cubría, así qué, ante la vista de la sombra que ya estaba a punto de tocar la piedra y ésta empezaría a cerrarse, todos comenzaron a correr dejando a los bueyes que siguieran con su cansino paso. Ya del otro lado todos comenzaron a respirar tranquilos mientras los últimos ayudaban a los bueyes para que no se pararan y pudieran salir sin problemas, una vez que la piedra cerró la entrada todos se dirigieron al pueblo, tan cercano que desde la ladera de la montaña se veían las luces ya encendidas así como las grandes hogueras que se encendían para salvaguardar de los peligros de la noche al poblado. Todos quedaron mirando hacia las luces de salvación cuando detrás de ellos comenzaron a escuchar los gritos de Randon: "¿Dena . . .? ¡Dena! ¡Dena!! fueron los gritos de angustia que se escucharon mientras todos se miraban entre sí en busca de alguien que ya no estaba entre ellos, entonces escucharon un grito que nacía de la misma desesperación:   ¡¡¡D E N AAAAAAA!!!
  Todos se miraron y sin mediar palabra volvieron al camino, Randon caído de rodillas, se levantó, miró hacia detrás para ver que la salida estaba bloqueada y lo que era peor, la única abertura por donde poder entrar para salvarla, eran la misma cosa.  Miró hacia arriba y contemplo impertérrito las altas cumbres que circundaban el valle, tan altas como blancas eran sus nieves perpetuas. Randon agachó su cabeza, apoyó su mano en el yugo de los bueyes y comenzó a caminar hacia el pueblo mientras susurraba en voz baja: " Que Dios te asista allí donde estés . . ."


domingo, 26 de octubre de 2014

Lucero - Capítulo 1-

   El cielo se iluminaba por momentos y los estruendos que acompañaban a los relámpagos hacían que las gentes se escondieran en casa cerrando los pórticos a cal y canto mientras se internaban en lo más profundo del interior de sus casas, alejándose de puertas y ventanas. Sólo algunos escogidos eran obligados a salir para la recogida de los destrozados cuerpos que caían sin concierto por todo el campo santo. Cinco personas acompañadas de un Custodio eran las encargadas de recoger los cuerpos que el Custodio les iba señalando con una marca en la frente. El carro, tirado por bueyes, iba marcando un paso anodino en el que la comparsa se ajustaba perfectamente. Tras meses de incruenta batalla, el "Campo Santo", como llamaban ya a las colinas que conformaban el irregular terreno donde yacían los caídos, se había convertido en un paraje adusto y gris, donde los arboles asemejaban tostadas cruces y la hierba era un conglomerado gris que contrastaba con los caídos, tan hermosos que a Dena se le llenaban los ojos de lágrimas cada vez que el Custodio marcaba un cuerpo para subirlo al carro.
  Llegados a la fuente de la encrucijada, Dena pidió permiso al Custodio para llenar el odre de agua de manantial, éste miró a Dena y, con un gesto de la mano, confirió su asentimiento. Dena no pudo por menos que mirar los ojos del Custodio, ¿Cómo era posible que tanta belleza pudiera estar en franca batalla? ¿Qué ocurría en el cielo que caían sin remisión a centenares cada día? ¿Hasta cuando esta locura?
  Dena recogió su larga y azafranada melena leonina en una larga cola, descolgó del carro el odre vacío y comenzó a andar hacia la fuente, nadie la miraba porque nadie tenía permiso para hacer otra cosa que no fuera su cometido, salvo que algo te pillara desprevenido y entonces el desconcierto se hiciera dueño y señor de la ocasión, y eso fue lo que ocurrió en ese preciso momento. Del cielo surgieron notas acompasadas de shofar tan fuertes que todos se tuvieron que tapar sus oídos a la vez que caían al suelo entre contorsiones de dolor; entonces sobrevino un resplandor, seguido de un estruendo, que hizo temblar hasta las raíces más profundas mientras levantó casi medio metro el carro junto con su angelical carga. En un segundo, todo terminó; el cielo se abrió a un cálido sol, las nubes desaparecieron y todo volvió a la normalidad. Todos los cuerpos esparcidos por el campo santo destellaron en luz cegadora desapareciendo, todo en derredor cambió: los arboles se volvieron ricos frutales, el suelo se cubrió de un manto verde salpicado de miles de flores, a cual más bella, y  Dena . . . Dena volvió su rostro hacia el Custodio en busca de respuesta, éste levantó sus brazos hacia el cielo, miró a Dena a los ojos y pudo ver su sorpresa cuando desplegó sus grandes y hermosas alas, tan blancas como la nieve y tan hermosas como el rostro que las portan. El Ángel custodio se mostró a Dena tal cual era, la mayor y más hermosa criatura de la creación. Dena sonrió mientras el Ángel custodio le guiñó un ojo a la vez que decía, "Por fin, todo ha terminado. Es hora de que todo comience . . ."

sábado, 25 de octubre de 2014

Lucero (prefacio)

  La tormenta celeste se intensifica a cada estruendo que ilumina el cielo, el sonido de la batalla es tan fuerte que anula los sentidos haciendo pequeña a toda criatura. No hay resguardo para el temor y la encendida noche, con su batir de tambores, atenaza el corazón de quien se atreva a mirar hacia arriba. Ese mar de inmensidad empieza a recalar en la tierra con un impulso alocado que pronto se convierte en torrentes de lodo que arrasan todo a su paso. Los árboles crujen en un devaneo de destrucción que no hace sino agarrotar aún más el corazón de los amedrentados penitentes que esperan el desenlace de esta guerra surgida en el cielo y de consecuencias nefastas en la tierra.
Abandonados a su suerte, la espera se antoja eterna en la esperanza de que el cielo se apague y todo vuelva a la calma . . . Sí, pero ¿A qué precio? La respuesta es sólo cuestión de una delicada combinación entre tiempo y destino, en la que el azar, al igual que el amor, es un elemento muy pequeño en una combinación de venturas tan grande, pero no por ello de menos peso . . .

martes, 5 de agosto de 2014

Gabry -Capítulo 1-

    
       El viento cesó de pronto y todo quedó en calma, el silencio se hizo dueño de la jungla. Marcos, el guía, un tipo seboso y sudoriento, con un gran bigote negro como sus entrañas y unos dientes tan amarillos como el incisivo de oro que mostraba en su sonrisa a cada momento, sacó su pañuelo del bolsillo para enjugar el sudor de su frente, lo dobló con extremo cuidado y volvió a meterlo en el bolsillo.

                     —Algo va mal, esto no me gusta.  ¡Malditos hijos de la gran chingada!—gritó blandiendo su machete al aire mientras miraba hacia las copas de los arboles—¿Dónde estáis? ¡Salid de vuestro escondite!

  Toda la expedición se paró expectante ante la reacción de Marcos, para ellos nada había cambiado salvo el silencio que reinaba a su alrededor y que el fuerte viento que les había hecho tan fatigosa la marcha había cesado repentinamente.

                   
                    —Oiga . . . ¿Qué le ocurre? ¿Ha cogido una insolación o algo así. . .?—le pregunta una de las chicas de la expedición, mirando al guía, extrañada por su repentina salida de tono.



                    —¿Y vosotros qué sabéis de ná? ¡Maldita sea mi estampa! ¡Volvemos al Jeep! ¡Vamos, rápido!—Grita Marcos, tembloroso, dando media vuelta para situarse en cabeza de la expedición.



                    —Oiga. ¡De eso nada, nos ha cobrado un pastón por llevarnos hasta el cenote y lo hará, le gusta o no!—Le grita en su misma cara Peter, al guía, interponiéndose en su camino.



                    —¡Óyeme pendejo!  Si queréis ver el cenote, está justo detrás de esa roca que ves ahí delante—le espeta en su misma cara Marcos a Peter, señalando con su brazo una gran roca que lleva tallada algunos dibujos de aspecto pre-colombino—. Yo me voy. ¿Me oíste puto de mierda?—le dice Marcos, el guía, mientras apunta a la nariz de Peter con un revolver que ha sacado de su pistolera.



                    —Vale, vale, tampoco hay que sacar las cosas de quicio—responde Peter separándose de Marcos lentamente con las manos arriba.



  El resto del grupo se apartan a ambos lados del camino para dejar paso al cada vez más asustado guía, que no para de mirar a todos lados con los ojos muy abiertos.
   Marcos levanta su mano izquierda para dar la orden de marcha y, cuando mira hacia detrás, nota como un empujón que casi le derriba, a pesar de su corpulencia. Apenas nota el reguero de sangre mezclada con sudor que empapa su camisa, sus ojos se abren describiendo una orbita mortal y cae inerte al suelo atravesado por una lanza que le sale por el costado. Toda la expedición se queda perpleja ante la visión del guía muerto en el suelo en medio de un gran charco de sangre que en sólo unos segundos se ha cubierto de moscas. Irene, una de las tres chicas que componen el grupo junto a los otros tres chicos, suelta un grito de terror que hace saltar las alarmas en la jungla. Como un torbellino salido de la nada; pájaros, insectos y toda clase de animales salen en estampida dejando la jungla aún más silenciosa y tétrica, para cuando el grupo quiere reaccionar todos están atravesados por sus respectivas lanzas, desparramados en el camino entre un charco de su propia sangre, todos menos Irene, la única del grupo que ha reaccionado a tiempo para salir corriendo como alma que lleva el Diablo e internarse en la jungla en un intento desesperado de salvar su vida. No tardó mucho en comprobar que eso es imposible cuando tus atacantes son precisamente las sombras de la jungla. El palo, en forma de porra, le alcanzó las pantorrillas y la derribó de forma brutal en su loca carrera hacia ninguna parte.
  Cuando despertó Irene; una indígena muy pequeña de estatura, con unas diadema de hojas que le recogía su negro y largo pelo, le estaba acariciando el vientre mientras su sonrisa mostraba su desbastada dentadura. Extrañada por las atenciones de la indígena miró su hinchado vientre: ¡Estaba embarazada! Trató de levantarse desesperadamente pero entonces la sonriente indígena le acarició el pelo mientras abría su mano mostrando un extraño polvo blanquecino que sopló directamente a su cara, todo se volvió oscuro lentamente, sólo quedaron reflejadas algunas preguntas en su mente que quedaron sin respuesta:  ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? ¿Dónde estaba? ¿Qué le habían hecho?. Y sobre todo la última de esas preguntas que hizo que su cuerpo tuviese una convulsión antes de caer en el abismo de la oscuridad . . . ¿De quién era el hijo que llevaba en su vientre . . .?























































lunes, 28 de julio de 2014

Gabry - prólogo-

       Hay fuerzas en el Universo que se escapan a nuestro entendimiento, cuando es así, las apartamos en la estantería de las cosas incomprensibles y le damos la categoría de mágicas. Mágico es todo aquello a lo que no podemos dar una razón lógica. Todas las fuerzas del Universo, sin excepción, están sometidas a un equilibrio que no se puede romper, ni siquiera para la supervivencia, por ejemplo: la suerte está sometida al equilibrio entre azar y probabilidad,  si alguien es capaz de forzar ese equilibrio tendrá la fortuna de su lado, pero no todo en la vida es fortuna y, si has roto el equilibrio, debes pagar por ello . . .
   Existen puertas en este mundo que te llevan más allá de la realidad que todos conocemos, son muy pocos los que las encuentran y siempre es por casualidad, si tienes la suerte de encontrar una, NO LA ABRAS Y AÚN MENOS LA CRUCES, a menos que te llames Gabry  y quieras echar a perder tu vida.




Va por vosotros.

  Voy a intentar, de nuevo, escribir un relato largo por capítulos, algunos me dicen que no es bueno porque la gente, en estos tiempos de prisas, no se entretiene en leer las entradas extensas y menos aún seguir escritos por capítulos, pero en mis anteriores propuestas he comprobado, con satisfacción, que es todo lo contrario. Mis entradas más visitadas han sido precisamente las que he dedicado a relatos por capítulos, por ejemplo en "Jhericó y el Nigromante" el capítulo 15, Alí, ha tenido -y sigue teniendo visitas- más de 1.000 visitas, sobre todo de EEUU, algo insólito en mi blog. En fin, no sé si podré editar un capítulo por semana porque quiero que sea un poco más elaborado que "Jhericó y el Nigromante" y eso me llevará más tiempo pues quiero escribir el capítulo y corregirlo, algo que no hice en la anterior entrega. Mis respetos a todos los escritores de verdad y sobre todo a mis lectores, espero que os guste y os de tanta satisfacción leer mi nueva entrega tanto como yo la voy a disfrutar escribiéndola. Mis más sinceras gracias a todos.