domingo, 30 de abril de 2023

Puro espejismo

 Entre mis manos 

moran todos los mundos

que salen de mí.

Entre mis dedos

campan los personajes

del libre albedrío.

Rozando la piel

simulan las emociones

cantares por ti.

viernes, 19 de agosto de 2022

Cierro mis ojos




 Cierro mis ojos 

para mirar en mi interior,

cierro mis ojos

vendo mis sentidos

para sentirte mejor.

Abro espacio en mí

para dejarte sitio a ti

y quiero correr 

mientras mis lágrimas

brotan tras de mí;

es importante un solo segundo

mi niña, un solo segundo

y mis lágrimas me delatan,

me desnudan ante ti

malditas seáis:

benditas cuando brotáis.

Todo en mi interior es grandioso;

todo en mí es nuevo cada día;

todo en mi vida es algo tuyo.

De nuevo brota esa música

en mi cabeza

que agarrota mi corazón

de recuerdos que son,

que eran, fueron y serán.

 Ahora me encuentro solo

más vivo que nunca

y a la vez, tan solo a tu lado.

El miedo cambia de estado

cuando aparecen las sombras

dentro de mí.

Cierro mis ojos para verte mejor

y palpo el aire en busca de un roce

que erice mis atributos. 

Yo seré el cielo en tu boca 

la voz dormida en tu cuerpo

y robar ese beso que me fustiga

saber que me quieres 

es lo que me mata

y me quita el aire 

para darme la vida.




jueves, 30 de junio de 2022

Destiny's

 Vuelvo a sentir el vértigo en mi estómago.

Tanto tiempo ausente 

y mis dedos no han perdido agilidad,

mi mente se vuelca sin disimulo

a plasmar lo inevitable.

Vuelvo a casa, a la mía, a mis quehaceres.

Dentro, la limpieza intacta de los muebles,

el columpio que solía habitar

en busca de genialidades

sigue con su movimiento pendular.

Vuelvo con la libertad de querer 

y la certeza de que soy yo:

el mismo que hizo todo lo que he logrado

pero con los hombros libres de carga

y el disimulo en la sonrisa 

de que nunca estuve fuera

pero tampoco me quedé dentro.

Esa sensación, tan rara, de que todo es fácil

si te apeas en la próxima estación 

dando largas a ese autobús

que, ni es de línea, ni tiene el destino

que había elegido para mí.

Por cierto, ya ni recuerdo dónde iba,

tendré que tejer una nueva línea 

para ver dónde me lleva.

domingo, 6 de marzo de 2022

Putin: las lágrimas reflejas de Dios.

 Y los hombres quisieron ser imagen y semejanza del creador. Algunos adoptaron la parte mágica, la bondad del ser divino que, solo por serlo, se alza en pos de la perfección de un alma inmaculada pasando por la vida como un asceta de piel limpia y actos inmaculados. Otros abrazaron la lujuria, los deseos banales en el paso por una tierra que dejaron baldía; pues nada llevaban en la maleta al nacer, nada acumularon en su devenir y vacía terminó sobre la tierra yerma que sirvió para su entierro. Los demás solo trabajaron, vivieron como pudieron, dejaron su legado y, por último, se fueron como vinieron: sin dejar rastro de su paso.

    Solo unos cuantos se metieron en los ojos de su Dios, que incapaz de sacarlos de su vista, las lágrimas reflejas intentan paliar el dolor que produce el error de una creación fallida. 

    Las lágrimas reflejas de un Dios al que se le ha metido en el ojo un mosquito que le hará llorar más que nadie en este bonito mundo al que solo quiere destruir.

    Nunca antes la política y, por ende, los mandatarios habían tenido tanto poder y eso precisamente es lo que me da miedo.

    Es hora de empezar a cambiar nuestra forma de pensar, vivir y, sobre todo, consentir. El camino que hemos seguido hasta ahora tiene un final y no es precisamente bueno.

    Se lo debemos a las futuras generaciones, nosotros hemos vivido una etapa que se me antoja como la mejor de todas cuantas se han desplegado en esta tierra que nos alberga; pero hemos descuidado lo esencial: salvaguardarnos del mal. 

    Creemos que el mal es un invento para los cuentos de medianoche y no es así: el mal existe, tiene cara y nombre. Y siempre ha sido así, solo que no hemos querido verlo hasta que ha sido demasiado tarde....




domingo, 6 de febrero de 2022

Ese pequeño secreto


Todo ante mí
es esencia tuya:
la calma que te precede,
mi ignorancia,
tu grandeza.
Aquello que es lucha
y aviva mi esperanza.
Descubrir lo que eres,
vivir en la enseñanza
de que todo es,
y todo puede ser.
Ser la esencia 
y estar junto a ella
sentir que soy tú;
cuando solo soy
esa pequeña parte tuya.

 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Gracia y muy señor mío

Y lloró, lloró tanto que Marta, su madre, no tuvo más remedio que levantarse para ver si podía consolarla, hasta que cayó en la cuenta de que aún faltaban tres meses para salir, precisamente, de cuentas. Esa fue la primera vez que Marta supo que llevaba en sus entrañas una niña y que, además, tenía la gracia. Había oído hablar de esas cosas de la gracia pero nunca pensó que le pasaría a ella.

   A la mañana siguiente fue directamente a la casa de la tía Ratona que era la curandera del pueblo. Aunque ella creía que era muchas cosas más pero ahora no quería pensar en ello. El llanto de su hija la había despertado ya de madrugada, y nadie mejor que la curandera del pueblo para decirle qué demonios significaba, si es que hay algo de magia en ello o es simplemente era algo natural.

    Al doblar la esquina la curandera estaba, como siempre que no tenía feligreses a quienes atender, esperando tras el cristal de la puerta. Marta bajó su mirada pues no quería que sus ojos se cruzaran con la de la curandera por esas cosas del mal de ojo. Se maldijo por no haber cogido un escapulario, en adelante, tendría que echárselo en el bolso o cogerlo a la costura de sus bragas con un alfiler. La tía Ratona no le dijo ni sí ni no, ni esto o lo otro, solo asintió con su cabeza mientras se rascaba la verruga peluda y negra que tenía debajo de una de sus fosas nasales.
 

   Marta se dirigió a casa de su madre un tanto malhumorada pues la curandera, o bien no le había querido decir nada o, como sabía que no le iba a pagar porque era más pobre que las ratas, no se molestó en acudir a sus argucias escénicas ni polvos mágicos por aquello de no malgastar sus poderes, ni tampoco su escaso tiempo. Su madre la recibió con los brazos abiertos y un hatillo de comida, desde que su yerno había abandonado a su hija por otros brazos más, digamos, jóvenes y menos malhumorados, su hija la visitaba cada vez que los armarios de la cocina devolvían el eco de los gruñidos al abrir sus ajadas puertas. Marta preguntó a su madre por la cuestión que le había llevado a verla pero ésta no supo qué contestarle así que se marchó, no sin antes recoger el hatillo de comida.

    Su madre le había dicho mil y una veces que se quedara con ella pero si se iba de su casa la perdería para siempre, y eso no iba a consentirlo, no ahora que estaba tan cerca de quedarse con la casa. La casa que ahora habitaba estaba abandonada y el dueño había muerto dejando las deudas al ayuntamiento y las compañías de luz y agua; así que ella se había hecho cargo de todas ellas con lo que según la ley podía reclamar su propiedad al haber pasado más de diez años desde que la habitó su dueño. Lo que se llama en el argot legal la usucapión ordinaria.

    Cuando llegó al bar donde fregaba los platos por una comida diaria, y algo de efectivo, el dueño y un montón de gente estaba celebrando que les había tocado los cupones de la ONCE, nada menos que treinta mil euros, y entre los vendidos allí estaba el premio acumulado a la serie. Cuando su jefe la abrazó cayó en la cuenta de que ella llevaba, precisamente, un cupón que le había regalado el viernes. Al sacarlo del bolso para ver si era ella la afortunada oyó una risa en su interior; se llevó las manos al vientre y supo que su hija tenía la gracia porque ella llevaría la fortuna y suerte a todos cuantos estuvieran a su alrededor mas la desgracia para ella misma, esa era su don y también su maldición.

    Una noche se puso de parto y avisó a su madre que ahora vivía con ella y eran muy felices pues la diosa fortuna había irrumpido en sus vidas para quedarse a vivir con ellas y todo gracias a la hija que venía en camino, lo único que le preocupaba es que ella sería desafortunada y desgraciada de por vida.
 

   Esa misma noche dio a luz en un parto difícil y muy complicado. Todo eran dudas en su pequeña cabecita pues tenía miedo de que su hija viniese a este mundo con alguna tara, defecto o simplemente que no fuese normal. Y de pronto todo su temor se diluyó como motas de polvo en la lluvia temprana al oír el llanto del bebé.
 

   La enfermera le puso encima de su vientre a un pequeño ser que la inundó de paz, amor y esperanzas. Entonces cayó en la cuenta de que había empezado otra historia con la que no contaba pues la enfermera, con una sonrisa llena de perlas blancas como el nácar le dijo: "Enhorabuena, has tenido un niño precioso, rubio como el sol, blanco como la leche y con unos pulmones fuertes como el fuelle de la Fragua de Vulcano".

    Marta contuvo sus lágrimas y solo buscó la mano tendida de su madre, la apretó y, mejilla con mejilla, se fundieron en un solo llanto de alegría como nunca antes habían hecho.

 


viernes, 3 de diciembre de 2021

La Alternativa

 Os dejo el relato que hice para un concurso, más parece el ensayo de una novela,  pero que me hizo mucha ilusión escribirlo. Que lo disfrutéis.





Titulo de la obra: La Alternativa

Todo lo que conoce del mundo está entre los cuatro muros que delimitan la hacienda donde nació hace ya algunos años, pero no tantos como para que su horizonte se pierda en lontananza. Su nombre es Leo y carece de toda maldad. A fuerza de estar siempre en el mismo lugar sus ambiciones, sueños y metas solo están agazapadas en su mente a falta de que algo, o alguien, les dé un pequeño empujoncito para que se liberen y transformen una existencia plácida, por la ignorancia, en una vida mundana abierta al mundo exterior, ese mundo que no conoce aún pero que tanto tiene que ofrecer.

    Leo es el nieto de los guardeses de la hacienda. Su madre Anabel tuvo la desgracia de salir guapa y lozana, como una rosa sin espinas recién cortada en el rocío de la mañana.

    El amo de la hacienda era, por más que quisiera ocultarlo, mujeriego empedernido y salteador de alcobas a la luz de cualquier astro que pudiera guiar sus pasos, en pos de mozas en estado de merecer. Su madre le había advertido de los peligros del amo y, como buena madre, le sugirió mil y una formas de revocar cualquier situación mas, si estas no fuesen válidas, su meta sería no estar abajo sino arriba por eso de que era menos probable que quedase encinta.

    Anabel sucumbió a los asedios del amo, bien por aquello de no hacer el feo, según decían algunos, o bien porque la chica había salido un poco ligera de cascos y gustos algo refinados que bien le costaron sus cuartos al amo; cosa que no estaba bien vista en la hacienda. Anabel yació de esas mismas mil maneras que tenía que evitar y en ambas posturas por lo que lo que Leo vino al mundo un 28 de diciembre como una broma de mal gusto o simple coincidencia, solo dios sabe el porqué.

Después de dar a luz, Anabel marchó a servir a la ciudad por aquello de cambiar de aires o más bien por calmar los ánimos de la señora que se barruntaba que el niño bastardo era muy parecido a su propio hijo y eso la sacaba de quicio.

    Anabel fue despedida de varias casas de servicio donde tuvo que soportar el hostigamiento de otros tantos amos. La madre de Leo terminó haciendo la carrera sin estudiar y su final no se hizo de esperar.

    Leo quedó a cargo de los abuelos en la hacienda donde era tan feliz como ignorante de la vida que hay más allá de esos muros que, de momento, nunca había sentido como una jaula construida para cortar los vuelos de alguien que estaba destinado a ser lo que él quisiera por muy altos que esos muros fuesen.

Pasaron los años y Leo se hizo muy querido entre los de la hacienda pues era muy servicial y ayudaba a todo el mundo, pero lo que más le gustaba era apoyar el respaldo de la silla contra la pared y recostarse para mirar al cielo jugando con las nubes pero siempre dentro de esas cuatro paredes.

    Una tarde apareció una nube, blanca como el algodón de azúcar y Leo se fue con ella como la juventud se va con los años.

    El abuelo le dio un poco de dinero, su abuela un beso en la frente y así lo dejaron marchar porque las cosas había que tomarlas tal y como venían. La marcha de Leo estaba escrita en el cielo con letras hechas de nube esa misma que sus abuelos sabían que se lo llevaría.

     Leo anduvo por tierras y mares en busca de aventuras que vivir y se cansó de ellas así volvió a montarse en su nube hacia su siguiente destino: tenía que hacerse un hombre de provecho y para eso tenía que estudiar.

     Empezó a trabajar en una imprenta, por las noches se puso a estudiar y en sus ratos libres ayudaba a la gente, fuera lo que fuese que necesitaran. Su jefe le dijo que así no llegaría a ser nada en la vida; pues si ayudaba a la gente con su dinero nunca tendría lo bastante como para salir adelante. Leo reflexionó sobre las palabras de su jefe que le había cogido mucha estima pero lejos de tomar buena nota del consejo siguió haciendo lo que su corazón le dictaba.

    El destino es caprichoso y los designios de dios solo Él alcanza a su comprensión. Leo ayudó a un hombre que estaba llorando en la puerta del banco pues lo habían sacado a rastras porque iba a perder su hacienda. Leo lo consoló, le trajo un vaso de agua y el hombre entre suspiro y queja le contó su historia.

     El hombre le contó que al día siguiente iban a ejecutar, si nadie lo impedía, el embargo de sus Haciendas por impago de un préstamo que había tenido que pedir tiempo atrás. La culpa era suya pues era un mal hombre, mujeriego, bebedor, jugador y tenía todos los vicios imputables de cintura para abajo. Su mujer le había abandonado llevándose a su hijo para hundir más aún, si cabe, su poca autoestima.

    Leo miró a los ojos al pobre hombre y se vio reflejado de alguna manera en ellos. Al principio se incomodó sin saber el porqué pero cuando el pobre diablo le dijo el nombre de la hacienda cayó en la cuenta. Un miedo que nunca antes había sentido inundó su corazón. El terror le sobrevino casi sin querer pensando en el destino de sus abuelos y de toda la gente que vivía en la hacienda y que habían sido tan buenos con él. Su cabeza volvió de nuevo al lugar de su infancia donde había sido tan feliz y supo que tenía que hacer algo.

     Entró en el banco con su padre(aunque él no lo sabía) del brazo y pidió ver al director. Estaba en tercero de derecho y tenía los conocimientos suficientes para meterle el miedo en el cuerpo al pobre director qué, cogido por sorpresa, no tuvo más remedio que alargar el plazo de ejecución del embargo tres meses.

     Leo llevó a su padre a un notario donde le reconoció como socio y apoderado de sus haberes , le dio poderes para administrar todos sus bienes y a cambio Leo lo dejaría vivir en la hacienda hasta el fin de sus días como si fuese el dueño, prometiendo a Leo que nunca volvería a las andadas.

    En el primer corte de la temporada del melocotón, Leo recogió el suficiente dinero como para pagar la deuda que tenía hasta el momento con el banco, que no el total del crédito que debía y, además, dejó la cuenta con la suficiente holgura como para seguir sin problemas.

    Leo descubrió entonces que el amo era su padre, alertado por los abuelos, y que  tenía más de una hacienda, además de varios negocios que bien llevados terminaron por hacerle rico.

    Leo terminó sus estudios y entonces fue a las haciendas en busca de hijos bastardos pues imaginaba que el no había sido el único. Encontró no menos de uno por hacienda y les dejó la administración de la misma a ellos. Contrató un bufete de abogados y entonces buscó a su hermanastro, el hijo legítimo del amo, al que entregó la administración de los negocios fuera de la hacienda. Leo se quedó con la administración de todo el holding empresarial.

     Leo había ayudado a los demás y se sentía bien, su padre había cumplido y ahora era un hombre respetado por todos ya que nadie sabía la verdad de lo que había ocurrido.

     La nube blanca como el algodón de azúcar devolvió entonces a Leo a la hacienda donde había pasado su infancia y donde sus abuelos lo recibieron con todo el cariño del mundo.

     Leo se pasaba el tiempo sentado en la misma silla que apoyada en la pared le llevaba por todo el mundo persiguiendo esas nubes que pasaban por encima de su cabeza y en sus ratos libres ayudaba a la gente.

Que las abuelas son seres mágicos que todo lo saben es algo que nadie pone en duda, al igual que una cata a ciegas de su comida: siempre te gustará. Un día la abuela llevaba una limonada a Leo y le preguntó mirándole a los ojos porqué había vuelto para vivir como antes si ahora era rico, tenía estudios y podía darse cualquier lujo que quisiera. Leo miró a su abuela con una sonrisa y una mueca de extrañeza en su cara pues no tenía ni idea de como se había enterado de todo.

      — Antes no tenía elección pues este era el único mundo que conocía. He conocido otras formas de vivir, los brazos de una mujer y todo cuanto se puede hacer con dinero pero es mi elección y esto es lo que me gusta, esta es mi elección.

Leo sonrió mientras miraba las nubes pasar. La abuela le revolvió el pelo en señal de aprobación a la vez que le daba un beso en la frente como acostumbraba a hacer.

Leo cerró sus ojos mientras las nubes pasaban de largo; quizás, solo quizás, porque temía que una nube blanca como el algodón de azúcar se lo llevara lejos, muy lejos...


Julio de 2021